La Selección Mexicana no empezó su concentración… empezó una guerra de egos.
Toluca pidió permiso, Chivas explotó en redes y Javier Aguirre terminó lanzando amenazas dignas de prefecto de secundaria.
A un mes del Mundial, el futbol mexicano volvió a demostrar que el verdadero rival siempre ha sido él mismo.
La polémica explotó cuando se reveló que Toluca había conseguido un permiso especial para que Alexis Vega y Jesús Gallardo pudieran disputar la semifinal de Concachampions contra LAFC, pese a que ya existía un acuerdo para que todos los convocados reportaran desde el 6 de mayo con la Selección Mexicana.
Y ahí fue cuando apareció Amaury Vergara con la espada desenvainada en Twitter.
El dueño de Chivas, molesto porque su equipo sí había cedido a cinco jugadores para el microciclo del Tri en plena Liguilla, lanzó un mensaje que prácticamente se traducía en: “o las reglas son para todos o aquí arde Troya”.
Porque claro, en el futbol mexicano la palabra “acuerdo” significa “depende de quién lo pida”.
Toluca peleando una semifinal internacional quería a sus figuras. Chivas peleando una remontada contra Tigres también necesitaba a las suyas. Y mientras los clubes intentaban sobrevivir al calendario absurdo de la Liga MX y Concacaf, la FMF decidió entrar al ring con una solución brillante: amenazar a los futbolistas.
Sí, así como suena.
Javier Aguirre fue tajante: el jugador que no estuviera en el CAR antes de las 8 de la noche quedaba fuera del Mundial.
Una frase que sonó menos a liderazgo y más a maestro pasando lista antes de cerrar la puerta del salón.
El problema no fue solo el ultimátum. El problema fue el ridículo manejo de toda la situación.
Primero hubo permisos especiales. Luego presión mediática. Después reclamos públicos. Más tarde amenazas. Y finalmente todos terminaron llegando a la concentración como niños regañados tratando de evitar el castigo.
Todo esto… por un campamento previo al Mundial que ni siquiera cae en Fecha FIFA oficial.
Mientras otras selecciones preparan estrategias, México organiza novelas.
Y lo más preocupante no es que exista tensión entre clubes y selección. Eso pasa en todo el mundo. Lo grave es la improvisación permanente con la que se manejan las decisiones importantes del futbol mexicano.
Porque aquí nadie sabe quién manda realmente.
¿La FMF?
¿Los dueños?
¿La Liga MX?
¿Televisa?
¿Los patrocinadores?
¿O el último directivo que publicó algo en X?
El mensaje que deja esta polémica es terrible: en el futbol mexicano las reglas cambian dependiendo del escudo, del momento y del tamaño del berrinche.
Y mientras tanto, Javier Aguirre vuelve a quedar atrapado en el personaje que lo ha perseguido toda su carrera: el técnico bombero que apaga incendios… muchas veces con gasolina.
Eso sí, al final todos reportaron a tiempo. El Mundial sigue “a salvo”. La foto institucional ya salió. Las sonrisas volvieron. Y seguramente en unos días todos fingirán que aquí no pasó nada.
Aunque la realidad sea otra.
Porque cuando una selección necesita amenazas para reunir a sus jugadores, quizá el problema no era la hora de llegada. Quizá el problema era todo lo demás.


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